Historia de Tábara

 Su historia documentada se remonta, cuando menos a la Alta Edad Media, pues fue Tábara un importante centro monástico de amplia resonancia en el Reino de León, en torno al cenobio de San Salvador. El monasterio, erigido muy probablemente sobre algún tipo de ocupación anterior visigoda, parece ser fundación de San Froilán, a finales del siglo IX, siguiendo el encargo real de Alfonso III, según se relata en la vida del santo (futuro obispo de León) recogida en la Biblia mozárabe de la catedral de León.

 El mismo texto nos informa que el cenobio congregaba a una comunidad dúplice, formada por seiscientos monjes de ambos sexos, cifra seguramente un tanto exagerada, pero que pone de manifiesto lo ambicioso de la fundación inicial. Allí, a finales del siglo X, hubo un scriptorium donde se copiaron e iluminaron una serie de espléndidos Beatos, que han sido objeto de la atención de numerosos investigadores y curiosos. Éstos son, el de Tábara (terminado en el 968), comenzado por el pintor-calígrafo Magius, quien Emeterius califica de maestro, y relacionados directamente con el Beato de Tábara existen otros códices custodiados en diversos archivos y bilbliotecas nacionales y extranjeros, entre los que destacan ya de una época posterior los de Turín y Las Huelgas.

Del subsuelo del actual templo románico proceden una serie de piezas arqueológicas en mármol que han servido para contextualizar y matizar las escasas noticias que poseemos sobre la trayectoria de este monasterio: basas, fustes, capiteles, tenantes de altar...

Del siglo X contamos además con testimonios epigráficos de primera fila, entre ellos la posible lápida fundacional del cenobio, en la que se menciona al abad Arandisclo, y un fragmento de inscripción funeraria de atribución problemática. Es probable que en las expediciones califales hacia el norte, en especial la de Almanzor de 988, el monasterio de San Salvador sufriera el impacto de las tropas andalusíes y corriera igual suerte que los cenobios de Eslonza y Sahagún, que fueron incendiados, lo que daría pie a una restauración en el siglo XI.

Sobre las ruinas del antiguo cenobio se levantó la nueva iglesia de Santa María, cuya consagración tuvo lugar en 1137 por el obispo Roberto de Astorga, de lo que da fe el epígrafe situado junto a la puerta meridional.


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