Cada vez que acontece algún desastre, van surgiendo diversas iniciativas tratando de aliviar con alguna solución, al problema que la sociedad ha estado viviendo y como en este caso, ha conseguido cambiar muchos valores y comportamientos, que hasta el momento que el Covid 19 apareció en nuestras vidas, estábamos teniendo.

Una de estas iniciativas, ha sido la que tuvo “Nacho”, José Ignacio Fernández, un maestro andaluz, acostumbrado a recorrer grandes distancias y entre otras aficiones había hecho sus colaboraciones en la radio y como antropólogo.

Como amante del camino que ya lo ha recorrido en numerosas ocasiones, buscaba la forma de lanzar un mensaje a la sociedad y quería hacerlo con algo que, para él, fuera importante y después de barajar varias ideas, se quedó con la bicicleta y el Camino de Santiago y trató de ver la forma en la que podía unir estas dos aficiones para llevar a buen puerto el proyecto que estaba rondando por su mente.

La idea que surgió y luego fue desarrollándose, consistía en unir el sur y el norte de la península, recorriendo la Vía de la Plata y el Camino Sanabrés en bicicleta, lo haría en cuatro días, lo que representa una media de 250 km cada jornada.

Fue compartiendo su idea con amigos y conocidos y enseguida surgió un grupo entusiasta de nueve personas que le acompañarían pedaleando, más el equipo de apoyo que conformaban en total un grupo de docena y media de personas.

El objetivo consistía en lanzar un mensaje y para ello se le ocurrió que la mejor palabra que podía definir el mensaje que quería enviar era la que usan los peregrinos, ahora no con tanta frecuencia como antiguamente, que representaba el saludo que se intercambiaban cuando se encontraban. Ultreya, que significa más adelante, era esa palabra que reflejaba claramente el sentido del proyecto que quería llevar adelante.